Es una combinación de factores la que llevó a instalar la concepción de que la raza determina si un perro es agresivo o no. Científicamente, la idea está descatalogada por la etología y la genética moderna.

Un estudio de genética del comportamiento, “Science” de 2022, liderado por el Broad Institute y la Universidad de Massachusetts analizó el ADN y el comportamiento de más de 18.000 perros. La conclusión fue contundente: la raza explica menos del 9% de las diferencias de comportamiento entre individuos.

No existe un "gen de la agresividad por raza": La agresión no es un rasgo de personalidad estático, sino una respuesta emocional y conductual ante un estímulo (miedo, dolor, frustración o defensa de recursos). Rasgos como el afecto o el nivel de energía sí tienen mayor correlación genético-racial, pero la agresividad hacia humanos está abrumadoramente moldeada por el entorno.

Existe mucha más variación de comportamiento entre perros de la misma raza que entre los promedios de distintas razas. El veterinario Diego Petta dijo a LA GACETA que el perro es un fiel reflejo de su dueño. "A los veterinarios es más probable que nos muerda un caniche que un pitbull. El tema está en que sus contexturas físicas no son iguales. En el caso de que te hiera el perro más grande, corrés el riesgo de perder un brazo o, en el caso de un nene, que te mate; pero depende del dueño", detalló Petta.

El especialista consideró que una "mala educación" para un perro puede ser tenerlo atado en el fondo, sin contacto social. Muchas veces, esto puede derivar en una actitud violenta del animal al tener contacto con otra gente.

Algunos factores que generan agresividad

Científicamente, entre los detonantes principales que pueden convertir a un perro en agresivo se apuntan la falta de socialización temprana. Ese período se considera entre las 3 y 16 semanas de vida donde el perro aprende a habituarse al entorno, personas y otros animales.

En la mayoría de las agresiones que dejan saldos negativos, la narrativa de la vida del animal tiene algún episodio de miedo por lo que los mordiscos pueden tener su base de respuesta defensiva motivadas por ese sentimiento. El dolor o problemas de salud también se anotan en la lista de reacciones violentas, ya que el animal tiene reducido el umbral de tolerancia y, a diferencia del ser humano, no puede hacerlo saber.

Si el adiestramiento está basado en el castigo se incrementa exponencialmente el riesgo de agresividad por defensa. En esa misma línea está la genética individual. La experiencia de los progenitores y las condiciones de la madre durante la gestación (estrés materno) influyen directamente en la reactividad de la camada.